1 de enero de 2010

Del nuevo año y otras festividades...


Con el paso del tiempo he perdido el gusto de celebrar festividades sociales, del tipo de las que se marcan en los calendarios, llámese día del amor y la amistad, navidad o año nuevo, festividad que que justamente en este momento ocurre en muchos lugares del mundo y que en algunos cuantos minutos se encontrará en su cenit en esta ciudad.

Tengo que dejar bien en claro que no tengo nada en contra de dichas festividades y mucho menos contra las personas que las consideran importantes, de hecho, hace poco escuchaba en el radio una especie de encuesta que realizaban con motivo de la celebración navideña, se cuestionaba a la gente acerca de su afinidad con la celebración y si consideraban que ésta es una exageración en cuanto a los gastos que se realizan; algún jóven entrevistado decía que a él no le gustaba la celebración porque se le hacía (palabras más palabras menos) una fecha muy comercial en que la gente compra en exceso cosas banales, carentes de utilidad real con el objeto de escapar de su realidad y poder vivir fuera de sí por algunas horas. Por el tono en que lo dijo al momento de escucharlo me pareció que bien pudo haber añadido alguna frase como: "Esa bola de borregos no sabe que todo es una treta del sistema capitalista para obligarlos a comprar, la gente es ignorante, ¿no ven que así no se avanza?..."; no es que yo sea derechista o que esté completamente a favor del sistema neoliberal-capitalista-globalizacionista-lo-que-sea, nada más alejado de la realidad, a pesar de los pesares sigo considerándome una persona de izquierda.

Lo que quiero decir es que ese tipo de argumentos cuyo fundamento es tan inamovible como el viento o las corrientes del mar me parecen de lo más absurdos e intrascendentes. Puede que comentarios como esos encuentren su génesis en una corriente ideológica cuyos principios se encuentren perfectamente consolidados, pero no por ello deben considerárseles aceptables en términos generales, sobre todo cuando se utilizan con el fin de hacer menos o poner una barrera que separe a "quien sí sabe" de "quien no sabe", ello los hace perder todo valor.

Lo mismo se puede decir de las personas que consideran como una "bola de revoltosos" a quienes marchan por las calles el 2 de octubre, "¿Qué no saben que el socialismo ya fracasó, que el Ché ya se murió, que la educación pública solo genera vagos y más cargos fiscales? Hay que trabajar, haraganes...". Tanto de un lado como del otro hay verdades y mentiras, sin embargo, enfatizando una vez más el punto que me obligó a sacar a colación este eterno discurso entre la izquierda y la derecha cuya única solución se puede encontrar en saber escuchar y sobre todo conciliar, es que la carencia de sentido real y bases sólidas en los argumentos esgrimidos es completamente inaceptable. A mi manera de ver las cosas, cuando una persona racionaliza es muy válido cuestionar, iquirir y juzgar; cuando una persona siente, no lo es tanto.

Bajo esta tesitura, si las personas actúan conforme a lo que dictan sus sentimientos (cuestión sumamente básica en el comprotamiento humano, -y no por básica menospreciativa, todo lo contrario-) las manifestaciones de alegría o regocijo en cualquiera de estas fechas gozan de completa validez y deben ser en extremo valoradas y apreciadas.

Para mi, estas fechas no representan en sí algo sobrevalorativo, a decir verdad, conforme ha pasado el tiempo me he dado cuenta que al menos para mi, no representan una cuestión más importante que cualquier otro día. Para mi, todos los días tienen un valor especial y único, ya que el tiempo es el bien más preciado que un ser humano puede tener, en él se contiene la vida misma: las experiencias, conversaciones, alegrías, frustraciones, dudas, certezas, absolutamente todo. De este modo, vivo en una constante veneración (que no celebración) de todo lo que me sucede (bueno o malo) y de toda persona que me rodea.

La cuestión fundamental con mi presunta apatía ante estas fechas es que la mayor parte del tiempo mi actuar responde no a sentimientos, sino a ideas racionalizadas que son perfectamente cuestionables y para las cuales hay una respuesta que cualquiera puede obtener, el que la diga o no, o bien, mienta al respecto depende de más ideas que he racionalizado previamente. A lo que voy es que las celebraciones deben ante todo nacer de los sentimientos, el júbilo y la alegría son consecuencia de un hecho que no puede describirse con lógica o matemáticas (claro que se puede, solo es una frase para hacer hincapié en la idea que quiero dar a enteder). El festejo conlleva una manifestación externa de alegría, y si esta no es suficiente para externarse, entonces la celebración no puede existir.

En días como hoy, es importante apreciar el transcurso del tiempo haciendo un recuento de las cosas que se han logrado cuando un ciclo termina, como ocurre también en la fecha en que uno cumple años. Pues bien, durante el año que concluyó celebré muchas cosas: hubo cambios importantes que a nivel personal realicé, cerré muchos círculos que hacía tiempo estaban abiertos, terminé una carrera, fuí a muchos conciertos, conocí gente nueva, etc..., lo malo de estos inventarios es que también se deben contabilizar las cosas que no han cambiado y que siguen igual. Claro está que en la balanza al final se decide todo, afortunadamente las cuestiones positivas tienden a pesar mucho mas que las negativas.

La importancia de hacer un recuento de tal magnitud radica en tratar de recordar el por qué de nuestros actos, para mi no hay algo más provechoso en esta vida que encontrar un sentido de peso en las cosas que realizo, el por qué, cómo y para qué. Ya no encuentro provechoso al hecho de hacer las cosas solo "porque sí", (como dije anteriormemte, me gobierno más por la razón que por los sentimientos).

Hace no mucho leí una frase: "¿Entonces es posible justificar la propia existencia, aunque sea un poquitito?". La decía un personaje que había realizado muchas cosas en su vida, viajes, lectura, demasiadas experiencias, sin embargo, nada lo llenaba, su existencia se había convertido en algo de lo que el mundo podría prescindir sin que importase. Un buen día al escuchar una canción descubrió que aquél que la escribió y quienes la interpretaban, bien pudieron haber vivido las vidas más miserables del mundo, que seguramente a nadie le importaba lo que hicieron o no, pero a pesar de ello, a él le gustaba el ritmo y la manera en que la cantante deslizaba su voz por las notas de la canción, eso lo orilló a preguntarse qué habría sido lo que motivó a aquéllos músicos a escribir e interpretar esa melodía en particular, sin importar si seguían vivos o ya estaban muertos, él quería saber el origen de la canción; en ese momento, descubrió que la existencia no es del todo prescindible, ésta adquiere su valor cuando encuentra su justificación, cuando es capaz de trascender en el tiempo y seguir actuando en las demás personas.

Creo que todo lo que uno hace o deja de hacer siempre tiene una repercusión en las personas que nos rodean, es ahí donde yo encuentro la justificación al menos de mi existencia. Desde hace ya algunos años tengo bien firme la idea de que todo aprendizaje, experiencia o situación vivida genera sabiduría, misma que debe compartirse, de lo contrario, se convertiría en una existencia estéril e injustificada. Si bien la eternidad no existe y la trascendencia no es segura, al menos es necesario hacer todo lo posible por estar satisfechos con nuestros actos.

Los regalos son otro aspecto de las celebraciones que no se debe dejar de lado. Es la externalización más común del júbilo generado por la celebración de un evento, es la consecuencia lógica de la manifestación de alegría. Cuando uno celebra, uno invariablemente regala, ya sea por lo menos afecto o bien una cosa material.

Mi política sobre los regalos es que estos no deben ser producto de una obligación, pues en la lógica que he manejado a lo largo de estos párrafos, nadie está obligado a sentir. Un regalo material no es cualquier cosa, es un bien que perteneció a una persona, producto de su trabajo y esfuerzo, que será aprovechado por alguien más. Por ello considero que los regalos deben tener un significado. Uno (yo) no anda por ahí regalando lo primero que se ecnuentra en el camino, si uno va a regalar algo, ese "algo" debe ser un reflejo del sentimiento que provocó hacer tal gesto.

Los "regalos por obligación" o en general todas las cosas que se hagan o sean consecuencia del lado racional de las personas, se disfrutan menos que aquéllas que se realizan de manera íntegra, es decir, cuando se hacen o son consecuencia de la interacción de la parte racional con sentimental.

Como es fácil de dilucidar, la dualidad de mi forma de pensar es algo que me mantiene ocupado en estos días, a decir verdad, es tan interesante como tratar de encontrar la explicación de todo lo que ocurre alrededor (esa última oración pretendió ser sarcástica). En realidad uno no debería de encontrar una explicación para todo, como decía antes, las cosas irracionales se disfrutan más, que es tanto como decir que todo este lío de palábras no tiene sentido alguno.

Hoy en particular no tengo mucho qué celebrar, esto lo puedo afirmar porque estoy sentado frente a una computadora tratando de escribir ideas que de seguro cuando algún otro día las lea me daré cuenta de lo mal redactadas que están, o bien, como refería en los primeros párrafos, de la falta de sentido que tienen, sobre todo si escribí y borré gran cantidad de párrafos y pensamientos que nunca verán la luz, al menos no en esta publicación. Como quiera que sea, estimé importante escribir estas cosas, ya sea como una especie de distracción o como un recordatorio personal.

4 de septiembre de 2008

De la frivolidad de lo inexistente

Después de un muy buen rato de no escribir cosa alguna por acá, he decidido que este post comience de la siguiente manera, aunque bueno, en realidad, pues ya empezó…:

Dos frases me han dado vueltas en la cabeza en los últimos días y gracias a ellas, pensé en escribir algo en este blog de nueva cuenta. Una se derivó de un libro que leí hace como dos libros (tomando al tiempo como medida, ya tiene como diez meses), es una frase de Milán Kundera que me atrapó por completo debido a la veracidad que comprende. La segunda frase llegó a mi por casualidad hace como dos semanas, y de manera excepcional, se complementa perfectamente con la primera.

Resulta que un domingo en la mañana-tarde, estando solo en mi casa, al despertar prendí el radio, por lo regular cuando eso sucede los días en que no tengo que pararme a hacer algo, el ritual a seguir consiste en que desde la cama, control en mano, sortee las memorias del radio hasta que encuentre una estación en la que estén pasando algo bueno. Para mi desventura, le di como tres vueltas a las quince memorias y nomás no salía nada. A la cuarta vuelta, noté que tanto en la estación de música clásica como en radio UNAM, estaban pasando exactamente lo mismo, y como la noche anterior había estado escuchando al buen Beto un rato, ps me dije “qué diablos… habrá que escuchar, si está en las dos estaciones, debe estar bueno…”.

Resultó que era un concierto de la Orquesta Sinfónica de Minería, y con razón de la celebración de los treinta años de dicha agrupación, el director y compositor Luis Herrera de la Fuente (que colaboró por muchos años en ella) estrenó una obra que dedicó a tal hecho, una tal “M30”, que para mi mala fortuna no escuché completa, de hecho, solo escuché la parte final, porque fue ese el momento en el que me dí cuenta de que las dos estaciones coincidían. También tocaron un concierto para violín y orquesta de un tal Philip Glass, que a pesar de ser gringo, no hizo tan mal su obra, (jeje, no es cierto, sí se rifó el bato ese) y la excepcional sexta sinfonía “Patética” del enorme Piotr Illych Tchiaikovsky, con todo y carga anecdótica.

Total, en el intermedio pasaron una entrevista con el director, persona que a pesar de lo que uno podría pensar por su edad, refleja una gran vitalidad y carisma. La entrevista se enfocaba en su mayoría a su desarrollo como director y a las implicaciones que este puesto le traía al tratar de sacar a flote su lado compositor.

Gracias a la reputación que a pulso se ha ganado mi memoria, muchas de las frases y anécdotas que compartió se me escaparon de la mente, sin embargo, una frase en particular, la causante de todo este preámbulo, fue la que se me quedó grabada y que además, por mero ejercicio de asociación, atrajo a mi mente aquélla de la que hablaba en un principio.

Tras todo este bla bla bla explicativo, empezaré a escribir lo que creo es el tema fundamental de este post juntando las dos frases, (primero la segunda y luego la primera), cuestión que también planteé como posibilidad para empezar este escrito que ya tiene dos intentos fallidos de inicio (pa’ mi que el autor nomás no sabe qué es lo que quiere… escribir en este caso).

En un mundo en el que nada tiene importancia y en el cual, la inexistencia del retorno es imperante, todo está perdonado de antemano y por tanto, todo cínicamente permitido.

La frase en su conjunto brinda al principio los parámetros en los que fundamenta las subsecuentes dos afirmaciones.

En primer lugar (que en realidad es la segunda frase, aquélla que capté de inmediato en la entrevista de la que hablaba), se avoca a hacer la afirmación de que nada en este mundo importa, en otro sentido, todo carece de valor. Desde mi punto de vista esta frase puede tomar dos caminos: por un lado, el hecho de que “las cosas” (el todo) a las que implícitamente hace referencia esa frase, por su carácter individual y materia propia, no tienen valor alguno, no obstante, debe existir algo que sí lo tenga para que sea posible hacer una comparación y en ese sentido se pueda llegar a tal conclusión, sin embargo, al negar que en este mundo todo lo que conocemos tiene valor, sería imposible entonces que exista tal cosa con la que se pueda hacer la comparación, porque hasta el momento no conozco a persona alguna que conozca otros mundos que puedan tener cosas que sí valgan la pena. Para mi, en ese sentido, la frase es incorrecta. (Qué?)

El otro camino que puede tomar esta primera afirmación consiste en el hecho de que todo carece de importancia debido a que las personas no le dan el valor que deberían a las cosas que les rodean. En ese sentido, esta frase tiene más sentido para mí. La capacidad comparativa que tenemos, como herramienta derivada de la razón, nos sirve para tomar decisiones que marquen una pauta a seguir. Muchas de las veces estas decisiones se basan en el beneficio que podamos obtener por hacer tal o cual cosa. El valor de “las cosas” entonces, a mi parecer, tiene una relación directa con el beneficio que estas mismas nos otorgan a cambio, cuestión que a la hora de ponerse en práctica resulta por demás subjetiva, como dicen por ahí: “en gustos se rompen géneros”; el valor que una persona le de a una cosa en específico, no será el mismo que otra persona pueda considerar que tiene.

Bajo esta manera de entender esta frase, podemos afirmar entonces que las personas en este mundo, devalúan todo lo que esta a su alrededor, de manera general, nadie otorga importancia a lo que pasa y a lo que hay. Al llegar a este punto, surge una pregunta por demás lógica y sincera: ¿por qué?...

Me parece que la respuesta se encuentra inmediatamente después del lugar de donde surgió la pregunta. “la inexistencia del retorno es imperante”.

La vida o el ciclo de todo lo que conocemos, al menos en una forma individualista de ver las cosas, (sin atender a cuestiones genéricas que puedan dar otro punto de vista, que en tal caso sería erróneo), transcurre en una manera estrictamente lineal, no hay cosa alguna que regrese a su punto de origen más de una vez, y si lo hace, no lo hará de la misma manera que como llegó la primera vez. Me parece que anteriormente ya había utilizado el siguiente refrán griego para tratar de explicar un punto en específico (me parece que es de Herácito), pero aquí también va ad-hoc con lo que quiero dar a entender: “No se puede descender dos veces por el mismo río, pues cuando desciendo el río por segunda vez, ni yo ni el río somos los mismos”. Teniendo ello en cuenta, es imposible que un evento se repita de nuevo, por tanto, es impensable que vuelva a existir. Lo que fue, fue y no será más.

Aquí también es posible visualizar una divergente que es interesante analizar: debido a que nada en este mundo se repite, todo se aprecia más, o bien, atendiendo al sentido de la frase que saca a colación todo esto, a sabiendas de que nada va a regresar y que en tal caso la conciencia y la moral son las únicas cosas que podrían traer repercusiones (internas o razonables), todo se desprecia y a todo se le quita valor por el simple y llano hecho de que no regresará una vez más para brindar el beneficio que podría otorgar de regreso. En esas circunstancias, ¿para qué tomarse la molestia de hacer algo que a fin de cuentas solo se dará una vez? Esta última pregunta lleva una gran carga de egoísmo y codicia implícita, ya que no se espera que el beneficio sea para alguien más, y además, no resulta suficiente que ocurra solo una vez, es necesario que se convierta en una especie de constante que provea de beneficios durante todo lo que dura un ciclo determinado. También sería importante mencionar el hecho de que dichos beneficios pueden obtenerse por otros medios que no impliquen tanto esfuerzo, como puede ejemplificarse con el conocido efecto que produce comer grandes cantidades de chocolate, para este caso, el interés en esforzarse por conseguir una cosa en específico se pierde al encontrar medios alternativos que provoquen efectos o beneficios parecidos.

Con la base de esta frase más o menos desmenuzada, es posible pasar a las afirmaciones que la componen en su última parte. En primer lugar, nos encontramos con que “todo está perdonado de antemano”.

El perdón implica necesariamente un acto de reflexión, un ejercicio de conciencia en el que algo que cause una afectación sea admitido como un hecho que ya no lo causa más y que en tal caso ha quedado superado por ese mismo ejercicio reflexivo. El perdón es una acción concienzuda, sin embargo, con los antecedentes que tenemos, se convierte en una cuestión total y absolutamente trivial.

Relacionado con la frase, la reflexión y el acto de conciencia son cosas que necesariamente, en algún punto de ese ciclo lineal, se tienen que dar; tarde o temprano el perdón se hará presente, por tanto, ¿para qué esforzarse en pensar o reflexionar?, mejor, y siguiendo la ley del menor esfuerzo, por ¿qué no simplemente se otorga el perdón y ya? En caso de que el perdón no llegue o no se logre en un ciclo individualizado, a nadie más le va a importar...

Como último punto, tenemos la afirmación que culmina la frase, “todo cínicamente permitido”. “Cinismo” es una palabra que encierra desvergüenza, descaro, mentira, etc. El cinismo es una falta de respeto a la persona que lo ejerce, es un automutilamiento derivado de una perspectiva en la que el objeto u hecho al que le recae, carece de importancia; si en verdad importara o tuviera valor, no se tomaría tan a la ligera como para provocar una afectación mayor, representada por el hecho de ir en contra de uno mismo, al menos en contra de la conciencia y en su caso, de la moral. De esta manera, yendo en contra de nosotros mismos, es como permitimos todo alrededor, la existencia de las demás cosas que cohabitan con nosotros en realidad no nos importa, y bajo la idea de la frase en cuestión, nuestra propia existencia no tendría por qué tener importancia.

Esta última afirmación, la que habla de nuestra existencia, no me gusta en lo absoluto, considero que al menos nuestra existencia, “en un mundo donde nada tiene importancia”, sí la tiene. A través de ella podemos experimentar y disfrutar de la fugacidad de las cosas y de sus efectos, muy a pesar de que estos no tengan relevancia alguna. La relevancia, como ya quedó establecido, depende de quién se la otorgue y si es que lo hace.

La ilusión creada respecto del valor que una persona le otorga a una “cosa” o “circunstancia” en específico (ilusión visible desde una perspectiva ajena al suceso, ya que para la persona que la crea, es completamente invisible, convirtiéndose en verdad palpable y latente), es lo que le hará salir de “la frase” para trascender a un punto en el que el vínculo establecido entre la “cosa” o “circunstancia” y la persona se convierte en otra ilusión.

Las ilusiones representan al igual que el cinismo una mentira, solo que a diferencia de éste, en las ilusiones no se es conciente del engaño, ya que el individuo sufre ese engaño a través de sus sentidos, engaño causado por un agente externo. En el cinismo, el individuo es el que engaña a sus sentidos o al menos a su conciencia, que es peor.

El punto a favor de las ilusiones es que permiten jugar con ellas y regodearse en sus efectos, la inocencia es el motor fundamental para caer y disfrutar de todo tipo de ilusiones. La experiencia permite distinguir el acierto del error, no obstante, la experiencia es fruto del error más que de el acierto.

En tal caso, las ilusiones no existen, son una ficción que se inventa, pero que igual se vive y se experimenta. Como ejemplo de una ilusión que es producto de la invención, podemos señalar al placer o bienestar que se obtiene después de ver el fondo de una botella de whiskey en una reunión con amigos, la bebida es el agente externo que proporciona una alteración en los sentidos, provocando un ambiente relajado en el que se puede encontrar una cierta paz y tranquilidad. Otra ilusión que se puede señalar es la soledad. La soledad es una ilusión porque en realidad no existe, siempre hay alguien alrededor.

La ilusión de la soledad es provocada, por una circunstancia consistente en la aparente falta de personas, sin embargo, aunque físicamente no se encuentren, nuestros actos de alguna u otra manera se regirán por las aportaciones que a lo largo de nuestra vida hemos recibido de todas las personas que hasta el momento hayamos conocido. De este modo, la soledad como hecho es material y racionalmente inexistente, pues implica la carencia de algo que en realidad abunda, sin embargo, como fenómeno ilusorio, surge en el momento en que todos los sentidos de un individuo convergen en la idea de que tal atrocidad puede ser verdadera. La soledad sería más llevadera si en verdad existiera.

Pues bien, creo que hasta aquí ha de llegar este escrito, como es de notar, no había una idea clara sobre la cual escribir, en realidad, creo que en todo lo escrito no hay alguna idea clara del todo....

Saludos!

28 de marzo de 2008

Ps de nuez por aca... películas...

Ps ya tenía rato que no le hacía caso a esta cosa, y como hoy no tengo otra cosa mejor qué hacer, pos ando por aca...

Como no tengo otra cosa más interesante sobre qué escribir, voy a utilizar esta entrada para recomendar unas películas que ví hace poco.

Una se llama "Underground", de Emir Kusturica. No maaaaaaaa, ésta es una muy buena recomendación que me hizo una amiga. Trata sobre las peripecias que tiene que pasar un grupo de gente que se encuentra refugiada en un sótano durante y después de terminada la guerra, ya que a través del engaño, uno de los personajes se aprovecha del patriotismo, el temor y el trabajo de las personas que, sin tener conocimiento de lo que pasa en la superficie, continúa con su vida dentro del sótano. En ésta película la música (que es muy buena) juega un papel muy importante.

Otra recomendación, pero ahora de un amigo, es "El experimento" (changos, creo que es alemana, y creo que se escribe algo así: "das experiment"). Ps es una película que trata de un experimento en el que se intenta investigar el comportamiento de las personas dentro de un ambiente penitenciario, en el tambo pues... Son personas comunes y corrientes contratadas para llevar a cabo el experimento, sin embargo, conforme éste va avanzando, las cosas se van complicando, provocando que la tensión de la película vaya en aumento. Muy buena!

La tercera recomendación que voy a poner por aca es una película que ví hace tiempo y que el buen yorch me hizo favor de prestar: "Taxidermia"... Seeeeee... En realidad no es taaaaan asquerosa como pareciera por el título, puede que en algunas escenas a alguno que otro parroquiano le den ganas de cantar oaxaca, pero bueno... nada que una cerveza fría no pueda arreglar...

Por último, gracias a la gentileza y a la preocupación del buen Daniel por hacer que El Verde conozca algo más de cine, ví una película que se llama "Four Rooms". Cuatro cortometrajes que siguen una línea cómica realizados por cuatro directores diferentes (Allison Anders, Alexandre Rockwell, Robert Rodríguez y Quentin Tarantino), todos desarrollados dentro de un hotel en el que el botones se convierte en el personaje principal.

Bueno, creo que sin más qué decir por el momento y debido a que tengo todavía una torre de películas que necesito ver y nomás no he podido, ps me largo de aca.

Saludos verdes y nocturnos!!!

27 de diciembre de 2007

El viento y el árbol


El siguiente texto resultó de una petición realizada por un amigo. En una de esas tantas noches de desvelo frente a la computadora, me pidió imaginarme en medio de un campo rodeado de árboles, fijando la atención en uno en particular, el más grande y viejo de todos. En la imagen, la luz del Sol se reflejaba apaciblemente en la superficie de las hojas, y éstas se movían cadenciosamente gracias al viento que marcaba un ritmo que transmitía paz y armonía, tanto a las que aún permanecían en el árbol, como a las que se encontraban en el suelo.


Con tal imagen en mente, mi amigo pidió que hiciera el texto con relación al viento. Tardé en organizar mis ideas, pero al final decidí que el texto versara de manera un tanto metafórica y fantástica sobre la relación amorosa que puede existir entre el viento y un árbol.


La fotografía que encabeza esta entrada corresponde a un día nublado y frío en el Desierto de los Leones (de hecho llovió), y fué el segundo recuerdo que me llegó a la mente mientras trataba de formar la imagen que me describía. El primero fué el de un día soleado y ventoso en una parte del Jardín Botánico de CU, muy parecido a lo que me describía. En las dos ocasiones yo estaba acostado pensando en mil cosas y en nada a la vez, tratando de llenarme de la armonía que se respiraba en aquél lugar, disfrutando de la tranquilidad y de la plática de quien me acompañaba. Ambos momentos los atesoro de manera muy especial en la memoria, me propuse nunca olvidarlos, en verdad los disfruté.


Ambos ocurrieron en este año que está por terminar, uno que he disfrutado mucho, y en el que, como estos dos eventos, han pasado muchas otras cosas que no quiero ni pienso olvidar.
En el ocaso de este ciclo, deseo que sus vidas se llenen de felicidad, que los problemas que se lleguen a suscitar no opaquen las cosas buenas que siempre hay alrededor y que todo lo que se propongan, si bien no es logrado, al menos deje en ustedes la sabiduría necesaria para continuar.


-El viento y el árbol


Hoy me hacías falta. Hay veces que no logro entenderte, veces en que tu ímpetu termina por desgarrarme en un instante. Me intimidas, me haces ver que a pesar de lo mucho que hemos vivido, aún soy vulnerable a tu experiencia. No es lo mismo vivir atado que ser libre, siempre viajando, mezclándote, reinventándote, esa es tu naturaleza.

Tú puedes ir a donde quieras, nada te lo impide. Yo he intentado seguirte, he intentado comprenderte, pero ésta es mi naturaleza: la firmeza es lo único en lo que encuentro seguridad, la necesaria para amarte, la misma que me incita a no dejarte ir, a regalarte lo que tengo, lo que soy.

Hoy es distinto, hoy puedo disfrutar de tu calma, de tu inmensidad, de cómo recorres lentamente todo mi ser, moviendo cada fibra, llenándome de amor.

Tu frescura me renueva,
tus caricias me deleitan,
tus encantos me embelesan,
tu belleza me impacienta.

Por días como estos sé que me amas, que comprendes mi situación, que lo único que intentas es compartir las mil y un historias que tienes para mí. Sé también que esto es pasajero, que por mucho que quieras detener tu paso, o por más que yo inetnte seguirte, no lo lograremos, somos así.

Por lo pronto disfrutaré el momento, el instante preciso en el que logremos el perfecto equilibrio, el mismo que recordaré el día en que no pueda contenerte más, cuando todas mis fuerzas se acaben y deje tu camino libre, cuando descubra que el amarte no significa luchar en tu contra, intentando vagamente aprisionarte para siempre; amarte también es dejarte ir, ceder un poco, dejarte ser.

9 de noviembre de 2007

8 de Noviembre


Después de un rato de cierta oscuridad por el que estaba pasando, de nuevo me encuentro en un punto estable y hasta cierto punto soportable. Y es que, como dicen por ahí, "la vida da muchas vueltas", a veces nos toca estar arriba o abajo, no obstante, lo importante es estar.


Me parece que todas las experiencias y vivencias que se presentan en la vida son de suma importancia, no importando si estas son malas o buenas. Creo que ya había escrito algo sobre ello antes, pero es que me gusta repetirlo, y sobre todo, repetírmelo, al igual que la idea de que "todo pasa por una razón", y últimamente ésta última me ha dado muchas vueltas en la cabeza y ha salido con mayor frecuencia de mi boca.


Si bien no todo es perfecto en esta vida, y no todo ocurre como uno espera, siempre hay ciertas circunstancias que compensan a las malas. La depresión bien puede servir como un arma de autodestrucción o como una herramienta de autoexploración. A mi me gusta pensar más en que funciona de la segunda manera, aunque a veces el hecho de sobrellevarla puede ser un tanto molesto, tedioso y dificil, en el sentido de que, al encontrarse en ese estado, las energías solamente son enfocadas en aspectos negativos, que de alguna u otra forma, solo acarrea más negatividad, creando de esta forma un círculo vicioso que solamente puede ser roto a través de la voluntad.


Pues bien... yo no sabría explicar el cómo o el por qué, pero hoy me siento bien. Me parece que ha sido gracias a una mezcla extraña de eventos que me han ocurrido en estos últimos días, todos provenientes de personas a quienes estimo mucho, sucesos que siendo independientes unos de los otros, en conjunto han repercutido benéficamente en mi.


El último de estos eventos ocurrió el Miércoles (no relataré las cosas que me pasaron, ya que no considero éste el medio idóneo para hacerlo), tengo que decir que me sentí bien inmediatamente, fué algo así como la cereza en el pastel, una vez más no podría explicar el por qué, pero fue como si me quitaran un peso de encima, como si me hubiera liberado de algo que no me dejaba regresar a mi estado anímico "normal", si es que tal cosa existe.


Ese día, al terminar las clases, como no llevaba carro, emprendí la caminata para agarrar el metrobús, como lo venía haciendo desde hace tiempo los días que no llevaba el carro, pero antes de llegar ahí, con el humor en alto, decidí caminar un poco más. Ese poco más se extendió hasta casi llegar a mi casa, y es que me había privado durante mucho tiempo de hacer, y sobre todo, de disfrutar de una de mis actividades favoritas: caminar. Esa noche no pude alcanzar el culmen de mi odisea, lamentablemente me encontré en el camino a mi papá y me dió un "aventón" hasta la casa.


Frustrado por no haber podido completar mi recorrido a pie, en la mañana del jueves me decidí a que esa misma noche completaría todo el camino. Pues bien, el día siguió su marcha con más eventos placenteros, hasta que llegada la noche, las clases llegaron a su fin, y después de ir a cotorrear con algunos amigos (cosa que en otro momento hubiera evitado), el destino que yo mismo me había trazado desde la mañana al fin se concretizaba.


Empecé el camino acompañado por un amigo que iba a tomar su pesero, saliendo de las inmediaciones de CU, caminamos por Insurgentes hasta llegar al paradero de "las palmas", cerca de San Angel, en ese punto pasamos a Revolución para que él tomara el camión. En ese punto nos despedimos y yo continué con mi camino, tenía una promesa que cumplirme, una promesa que si bien puede tacharse de egoista, es algo que ya me hacía falta experimentar. Durante todo el camino escuché música, otro de mis placeres en esta vida, en esta ocasión mis pensamientos no me llevaron a "pensar demás", durante el camino medité y pesné lo suficiente, me dediqué específicamente a disfrutar de lo que hacía, a disfrutar del cielo, la noche, el frío, la gente, las luces, la ciudad en general.


En algunos tramos de mi recorrido me encontré también con la soledad, esta vez me sonrió y en respuesta yo le correspondí, hasta ella me cayó bien esta noche, y no es que me caiga mal del todo, o que de plano no la soporte, pero hay veces que se pone muy odiosa y termina con mi paciencia. La gente se concentraba, ya fuera en lugares donde vendieran algo de comer, o en paradas de camión o estaciones del metro (Barranca, Mixcoac y San Antonio fueron por las que pasé).


El Miércoles mi camino a pie terminó justamente cerca del metro San Antonio, hoy, al llegar ahí, ya nada me podía detener para completar mi hazaña, y efectivamente, así fué. Continué mi camino por Av. San Antonio, por donde el relajo de los segundos pisos empezara hace ya algunos años (con el "distribuidor" que lleva el mismo nombre que el de la avenida). Pasé periférico, y en unos cuantos minutos, ya había logrado lo que en la mañana me había propuesto.


Me parece que en estas últimas líneas se encierra el punto medular de éste escrito, y es que las cosas nunca podrán lograrse si uno mismo no tiene la determinación suficiente para hacerlo, es verdad que pueden presentarse eventualidades ajenas a nuestra voluntad e incluso contrarias a ella que impidan alcanzar la meta, sin embargo, siempre habrá otros caminos para lograr el cometido, siempre habrá alguien o algo que te ayude a lograrlo, si algo no funcionó de una manera, siempre se habrá ganado experiencia ("no es posible descender dos veces el mismo río"), siempre habrá un 8 de Noviembre para volver a intentar...

2 de octubre de 2007

Al río

Frente a ti no hay secretos,
no hay ataduras ni cuentos.
Frente a ti sólo soy yo,
sin más que mis recuerdos.
Revivo momentos,
los más gratos instantes,
también los más falsos
que me queman la sangre.
Me hablaron del amor,
de sus efectos fugaces,
no hablaron de confusión,
de decepción y desastre.
No huyo de alguien
ni de las consecuencias,
huyo de mi,
de mis innumerables facetas.
Dos cosas te pido
no me dejes ir,
sólo en ti confío,
déjame seguir.
Que el sol no sea testigo
de mi cobarde decisión,
abrázame ahora mismo,
te entrego el corazón.
El tiempo y el olvido
se encargarán de mi,
todo está perdido,
ya no hay por qué sufrir.

13 de septiembre de 2007

La muerte...




Hace no mucho la muerte se paseo cerca de mi, en total rondó tres veces, con dos de las personas que se llevó no tenía una conexión tan directa, con uno sí, muchas veces conviví con él en la escuela, fue de las primeras personas que conocí cuando entré a la facultad.


Me parece que al momento de que este tipo de eventos suceden resulta de lo más natural que uno se ponga a pensar en la fragilidad de la vida, en lo fácil que es dejar de existir, sobre todo cuando la muerte ha ocurrido en una persona joven, y es que la muerte es una constante en la vida, solo que muchas veces nos concentramos tanto en el hecho de vivir que olvidamos por completo el hecho de morir.


La vida lo es todo, o al menos es todo lo que conocemos, puesto que a ciencia cierta no se sabe qué es lo que pasa cuando una persona muere; claro está que las religiones tienen su particular punto de vista, opiniones que pueden o no ser la verdad, no obstante, no quiero ni pienso refutarlas, por el simple y sencillo hecho de que yo tampoco (y creo que nadie) poseo la verdad acerca de lo que sucede después de la muerte. Considero que cada religión tiene una manera muy especial y única de concebir el concepto de la muerte y todo lo que ello puede traer aparejado, muchas consideran que la trascendencia del espíritu o de la conciencia es lo que tiene lugar después de la muerte, o incluso que ésta vida es solo una etapa, y que la muerte marca el comienzo de una nueva, conformando de esta manera un ciclo evolutivo de perfeccionamiento espiritual o de conciencia. Como quiera que sea, las religiones ayudan a muchas personas a darle un sentido a su vida, cuestión que también es muy respetable, siempre y cuando no se llegue al fanatismo exacerbado, ya que en éste punto el radicalismo de los pensamientos puede provocar problemas que atraerían consecuencias que en ningún sentido racional valen la pena.


También existe el otro lado de la moneda, hay personas que están convencidas de que después de la muerte no hay algo más, simplemente se deja de existir y todo lo que tuvo lugar en vida, se termina. En lo personal no me agrada ésta manera de pensar, tampoco voy a intentar refutar estas opiniones debido a lo que ya señalaba anteriormente, sin embargo, a mi me agrada pensar que algo de lo que he realizado aquí se va a ir conmigo después de la muerte, al menos sería muy placentero que así fuera. Pero bueno, el punto de éste escrito no es exponer las diferentes teorías que existen para explicar que hay más allá de la vida, sino analizar muy brevemente el hecho de la muerte, ya que, mientras no sea a uno al que le pasa, la muerte ocurre en vida, y al igual que cualquier otro hecho o fenómeno, tiene consecuencias en nuestra manera de actuar y de comportarnos.


Como ya decía al principio, la muerte es una constante, que si bien a veces no es muy visible, siempre está presente. Los problemas comienzan cuando la constante se manifiesta sorpresivamente, cuando no da tiempo siquiera de asimilar lo que pasa y pareciera que lo que se está viviendo es un cuento o una película, que es completamente ajeno a nuestra vida, y es que la muerte no es la noticia más fácil de asimilar, todo lo contrario, me parece que es el hecho que, a pesar de ser tan común, es el más dificil de superar.


El sentimiento de pérdida originado por la muerte de una persona puede ocasionar en otra un cambio radical en su manera de vivir. La dependencia es otro factor que tiene una influencia por demás poderosa, el aferrarse a algo que ya no está siempre causará el mismo efecto, abanderado con el sentimiento de soledad, sentimiento que puede subsistir en la "normalidad" y "cotidianidad", y aunque la tristeza no sea inconmensurable, sí se convertirá en un estado recurrente. Este tipo de sentimientos puede prevalecer por mucho tiempo, incluso puede durar el resto de una vida, y de alguna u otra forma, evitan que disfrutemos de la vida en plenitud. Sin embargo, también puede ocurrir lo contrario, el mismo sentimiento de dependencia puede llevarnos a ir más allá de lo que nosotros pensábamos que podíamos llegar, en este caso, creo yo que el sentimiento de soledad es superado por una buena asimilación de la realidad, y digo que es buena porque no tiene consecuencias negativas en el desarrollo de nuestra vida, no nos deja estancados en un mismo sitio, al contrario, se convierte en la fuerza que necesitamos para seguir adelante.


Me parece que la mejor manera de prepararse para la muerte es nunca perderla de vista, siempre considerarla una posibilidad, y por tanto, tratar de vivir en plenitud, teniendo en cuenta que no hay algo en éste universo que dure para siemrpe, patrtiendo del hecho de que nosotros no somos eternos y por tanto, nunca sabremos si algo lo es.


Yo no sé si este se convierta en el último escrito que haga, bien podría morir por la noche, bien podría nunca más despertar, si fuera el caso, tendría que decir que estoy medianamente conforme con las cosas que he hecho hasta hoy. Hay muchas cosas pendientes todavía, planes, expectativas, cosas que quisiera decir y que por ciertas circunstancias he callado, me quedaría con las ganas de ver a mi familia y amigos desarrollarse, de experimentar tantas y tantas cosas que aún no he hecho, en fin, deseo que la vida nos alcance para llegar al momento en el que no le pidamos más, y si no fuera así, que al menos hagamos lo necesario para hacerla más placentera.